

Apareciste de repente y sin consentimiento te instalaste en mi vida, sin pedir permiso te colaste hasta mis huesos, sin darme tiempo de pensar siquiera me sacudiste entera y a pesar del tiempo sigues siendo mi desquicio.
Por más que busco la manera de echarte fuera, son indelebles tus huellas y cada vez que cierro los ojos me tomas entera reviviendo cada una de las caricias con que moldeaste mi cuerpo, los besos que me robaron el aliento, esos abrazos que me hacían olvidarme del mundo por completo, cada gemido, cada espasmo, que has dejado grabado. Y empiezo a desear mas que nunca que los momentos contigo hubieran sido eternos, dormir entre tus brazos pegada a tu pecho, sintiendo sobre en mi cuello tu tibio aliento, despertando por la mañana con un beso, sin querer salir de la cama y quedarme enredada en tu cuerpo.