Como siempre sucede con él, el día menos pensado, está ahí, tal vez sea una de las cosas que me gustan de él, sabía

perfectamente que algo no estaba bien, sabía que tenía que hacer algo al respecto y también sabía lo que tenía que hacer, si hay algo que conoce de mi es que hay pocas cosas que me molestan en la relación que llevamos, que no olvido facilmente y que cuando sucede algo en lo que él falla espero que tome alguna acción para repararlo... Me citó esta tarde en su oficina, le avisé que estaba por llegar y dijo que pasara, la puer

ta estaba abierta, cuando llegué aún tenía una conferencia telefonica, no quise interrumpir y me quedé en uno de los escritorios que están fuera de su oficina, cuando lo ví ahi sentado hablando de no sé que cosas entre el telefono y los monitores lo primero que cruzo por mi mente fué ponerme entre sus piernas en tanto el atendía la llamada, imaginando el esfuerzo que tendría que hacer por contenerse para no gemir y conservar su tono de voz, pero esta vez no sería yo quien diera el primer paso... No dejaba de observarme, me llamó para que me acercara a su escritorio y tomó mi mano, la acarició suav

emente y entrelazó sus dedos con los mios, sin dejar de mirarme, de nueva cuenta me alejé y me recargué en la pared esperando que colgara, se levantó y se puso delante de mi, empezó a acariciar mis costados, en una conversación vanal y sin sentido, acarició mi cara con su nariz, con sus labios suavemente pasando por la comisura de los mios, inspeccionando el terreno, yo permanecía sin moverme, tan solo me dejaba hacer, fue colandose lentamente por debajo de mi blusa, sus labios no tardaron en llegar a mis senos, incluso antes que a mi boca, sus m

anos fueron bajando despacio hurgando entre mi pantalón, su boca silenció un gemido cuando se deslizó entre mis piernas, entonces ya no podía permanecer inmovil, mi boca fue bajando por su torso desnudo, mordisqueando a su paso, sintió mi lengua traviesa buscando su sabor y yo sentía sus dedos, como hábil pianista tocando una melodía, suaves y con el compás perfecto logrando el primer espasmo cuyos gemidos eran acallados con la dureza entre sus piernas...